De Víctor <…>

                                                              Madrid, 25 de febrero de 1898

Sr. D. Emilio Zola

Mi más distinguido amigo: Permítame que le dé este nombre, porque si bien V. no me conoce, ni me conocerá tal vez jamás, yo soy su amigo desde hace algunos años y lo soy mucho más desde hace algunos meses.

¡Por fin consumaron su obra las malas pasiones!

¡Por fin la Francia del siglo diez y nueve, esa gran nación que asombró al mundo con sus conquistas en pro de la justicia y de la libertad, parece como que trata de emular a la España de Felipe 2º!

A no verlo nunca hubiera creído que ese gran pueblo, grande hasta en sus vicios, por el cual siento un cariño que casi raya en el fanatismo, hubiera realizado un acto que pugna con su grandeza, con su historia, con la misión que por derecho le corresponde en la moderna civilización.

La sentencia1 que a V. le condena eleva a cien codos el pedestal de su gloria.

La colosal figura del gran maestro de la novela moderna desaparece para dar paso al héroe de la leyenda de nuestro inmortal Cervantes, sólo contra todo y contra todos, que podrá parecer ridículo a quien le mire superficialmente, podrá tal vez estar equivocado, pero a fuerza de hidalguía y amor a la justicia resulta hermoso en el más alto grado.

Pero basta ya. No quiero robarle más tiempo. Sólo deseo que V. sepa que en esta tierra española hay muchos corazones que en corriente de profunda simpatía se sienten arrastrados hacia V.2, y uno de ellos, el más humilde, el de su apasionado admirador y affº. Amigo q.b.s.m.

Colección: I.T.E.M.-C.N.R.S. Centre d’études sur Zola et le Naturalisme.

1. El 26 de febrero Zola recurre ante el Tribunal Supremo.

2. El 26 de febrero apareció en El Progreso, «Renace la calma» (anónimo).